Era el año 1983 y mi tía jalaba de la mano mi pequeña humanidad de 7 años, cruzamos juntas la avenida, entramos a la facultad de medicina ( la casa de mi abuela queda a pocas cuadras de la universidad y yo vivía en la azotea de mi abuela). Mis tías no me apreciaban mucho pero, por una extraña razón, me llevaban a varios lugares con ellas para no estar solas, era su llaverito particular.
Mi tía vendía cosméticos por catálogo, se pasaba media vida repartiendo los pedidos y la otra cobrando, ese día debía cobrarle a una estudiante de medicina, no recuerdo mucho, sólo me veo allí, entrando detrás de ella a esa habitación inmensa, la puerta giró y allí estaban: un batallón de muertos, ordenados en mesas de metal, parecían tener la piel tan seca que se podían traslucir los musculos al rojo vivo y las bocas, todos esos muertos parecían gritar hacia el cielo en un grito silencioso. Un grupo de estudiantes observaban la garganta abierta de un muerto, luego se sacaban los guantes para comer unas galletas. No recuerdo mucho más, no sé cómo salí de allí, lo único que sé es que en ese momento comenzó mi gusto por la muerte y toda mi morbosidad.
Cuando me preguntan si he visto algún muerto en mi vida, no sé que decir, ví muchos cuando tenía sólo siete años, nadie lo creería.
Cuando vi a mi abuelo al poco tiempo de fallecer, parecía sonreir ligeramente y tenía el semblante de alguien que duerme plácidamente, es así como lo sueño algúnas veces. Mi abuelo empezó a perder la cordura y se hundió en la demencia senil cuando yo empezaba a cobrar consciencia de la vida, aún así, pasamos buenos momentos juntos, me gustaba acompañarlo cuando desarmaba cassettes sin razón aparente y acomodaba sus periódicos de un lado a otro, por algúna razón le gustaba llamarme Catalina mientras apretaba mi nariz, mi mamá dice que cuando iba a nacer, él propuso ese nombre pero nadie lo tomó en cuenta, es una pena, me hubiese gustado llamarme Catalina.
Creo que todos tenemos nuestros muertos especiales,el de mi hermana mayor, era el bisabuelo, aunque yo aún no había nacido, ella me ha contado tantas veces aquella historia, que ya es parte de mi recuerdo, puedo verlo como una película: el bisabuelo sobre la cama, muerto pero listo, vestido con su mejor traje, mi hermana entra y sin saber lo que es la muerte ( tendría 5 años) lo cree dormido, lo trata de despertar, un brazo se desliza inerte, ella quiere besarlo en la mejilla y no alcanza, se sube a la cama y se echa a su lado, él está muy frio. La niña y el muerto, cierro los ojos y puedo verlos.
El muerto de mis tías era un tío abuelo, es una leyenda porque desapareció sin dejar rastro, dicen que tomó un bus a Cerro de Pasco y nunca llegó, es decir, el bus llegó con todos los pasajeros pero del tío ni las maletas, era el heredero de los bisabuelos y se sospecha que los sicarios fueron sus propios sobrinos, dicen que su cuerpo esta enterrado en la misma finca que luego se repartieron los herederos, dicen que no descansa en paz y que al morir a manos de su propia sangre nos maldijo a todos, hasta la quinta generación, qué genial, estamos todos malditos.
Hace mucho tiempo estaba en amoríos (qué antigüa esa expresión) con un muchacho que decía haber tenído una relación larga con una mujer que murió en una balacera, yo sólo ví una foto algo borrosa de ella, parecía ser una morena bastante bonita, me contaron que entre la autopsia y el velorio se perdieron sus organos y hasta sus ojos, era una historia para sugestionarse. Una mañana que desperté en la casa del muchacho,después de una borrachera fenomenal, ví una silueta pasar corriendo por el pasillo que daba a la cocina, me pareció una mujer morena, no la recordaba de la fiesta, no le dí importancia y me prendí un porro, al rato de no escuchar ruido en la cocina fui a ver quién había pasado a toda prisa, no había nadie, busqué otras salidas, la ventana de la cocina tenía rejas, no había otras puertas, busqué hasta en las repisas, alguien pasó y no volvió a salir. El muchacho me encontró revisando la cocina, Qué buscas? - me preguntó. A una mujer morena- le respondí y nos quedamos en silencio, él sabía y yo también sabía de quién estabamos hablando. Apagué ese porro y me fui, no volví a esa casa nunca más.
Por lo general cuando hay un accidente de tráfico y se aglomera la gente yo cierro mis ojos y huyo, teniendo en cuenta que yo viajaba a diario 6 horas en bus, en un tráfico como el de Lima, pues era bastante probable que viera accidentes muy seguido y muertos muy frescos. Aveces todo pasaba tan rápido que no me daba tiempo de cerrar mis ojos y algúna vez vi la sangre saliendo del cuerpo sobre la pista o un auto pasando como una plancha sobre una persona. La historia más trágica fue la de esa niña, la ví morirse sobre la pista y mi vida no fue la misma, empecé a soñar con una niña, pero era otra, cosía muñecas, tenía agujas incrustadas en las manos, su piel le servía de alfiletero. Empecé a escribir una historia sobre ella pero nunca la terminé, me dieron pesadillas y soñé que escupía agujas, la verdad es que soy bastante sugestionable, soy una mujer de terapia, una mujer con muchos muertos.
A la gente le da miedo cuando hablo de estas cosas, huyen y sí, me gusta este cover de Marilyn Manson, a veces me da por escucharlo a todo volumen.


Tati, me ha encantado este post- por más espeluznante que suene! Yo guardo un profundo respeto por los muertos pero admito ser algo morbosa como tú. Sobretodo sabiendo que me puedo llegar a sugestionar mucho y que seguramente un post tan descriptivo sumado a mi fantasía, seguramente me quitarán el sueño por algunos días. Mi muerto favorito uhmmm la verdad que no tengo uno, los he visto mas nunca los he tocado. Las veces que lo he querido hacer han sido con parientes cercanos pero la confusión de mis emociones no me lo permitieron.
Saludos.