Armamos un amague de karaoke en mi sala miniatúrica, mi vieja tele, el equipo, un micro para cantar, mis amigos, los pocos que tengo y que muy pronto perderé porque me voy de esta ciudad y la vida se encargará de marcarnos otros caminos. Empieza la música, tenemos algo en común, todos cantamos horrible, me toca cantar una de maroon 5, con los primeros acordes, la nostalgia se me atora en el pecho y con ayuda del alcohol me convierto en una copia patética de Adam Lavine . Para la cuarta ronda de trago y canciones, empiezo a ver borroso, canto peor que antes, estoy casi muerta y se nota a leguas lo vieja que soy a comparación con todo ese grupo de jovenes.
Se supone que era mi despedida de soltera pero no vino ningún striper disfrazado de policia, me quedé dormida y gracias al cielo no hice ningún espectáculo. Cuando estoy borracha pueden pasar muchas cosas, lo menos horrendo es que me quede dormida, lo más terrible es que me ponga a llorar porque me encuentro vulnerable y nostalgica (con todos los problemas personales y sicológicos que me manejo no me es difícil encontrar una sola cosa por qué llorar). La otra alternativa es que me ponga chistosa y bastante expresiva , ahí es cuando se desata el escándalo, lo único malo es que yo recuerdo todo al día siguiente, salvo algúnas excepciones, soy una borracha bastante memoriosa.
Cuando todos se habían ido todavia era temprano, me arrastré hasta la computadora y me puse a ver una película que Ramiro me recomendó, me pareció fabulosa, probablemente porque todavía estaba borracha y porque me encantan ese tipo de películas tristes, con personajes imperfectos, en conflicto, vulnerables.
Dos abrazos, así se llama la película, son dos historias por separado, ambas terminan en un abrazo, tan simple y tan complicado como eso.
Fue mi mamá la que me sometía a sus abrazos con frecuencia, a todas horas, a mí no me gusta tocar a nadie, para mi vieja era importante, con el tiempo aprendí a abrazar, me sosprende ver que he aprendido bastante bien el oficio de abrazar. Sobretodo porque desde que llegué a este país lo que más he aprendido a hacer es a despedirme, me quedo con el abrazo de un viejo amigo que posiblemente no veré nunca más, con el adios fraterno de mis hermanas a las que visito por las navidades, con el abrazo de todos mis sobrinos a los cuales veré crecer sólo en fotos, el último abrazo que le dí a toda mi familia en el aeropuerto de Perú. Sí, la nostalgia es una mierda, te hace escribir cosas como ésta.
Yo tendría 14 anios cuando mi mamá me contó sobre el hermanito que nunca tuve, ya había escuchado la historia antes, era un clasico en la conversación de mi hermanos mayores, me jodían diciendo que si mi hermano nonato llegaba a nacer, yo no estaría en este mundo, porque mis viejos habían planeado tener un hijo más, el último, era varón como ellos deseaban, pero murió y decidieron intentarlo por última vez, nací yo, en efecto, la última. Tal vez mis hermanos tenían razón, si él nacía, yo no hubiese nacido, él hubiese sido el último.
Cuando una no es madre no tiene ni la más mínima idea de lo que es perder un hijo, así sea uno que no llegó a nacer, mi vieja es una persona alegre, no recuerdo haberla visto triste por nada, menos por ese hijo que no llegó a tener nombre, pero aunque lo negara, su presencia la acompaniaba, con el tiempo, se convirtió en una presencia invisible. Es difícil de explicar, es de locos, pero al servir la mesa , más de una vez sentí que alguien faltaba, él nos faltaba. Antes, cuando creía en dios y en sus angeles de cuento, me gustaba pensar que él estaría siempre protegiéndome. Antes, me gustaba imaginar que sería de él hoy en día si hubiese nacido, me tocaría protegerlo?, en verdad, de haber nacido él, habría nacido yo? Estarían mis viejos más felices con él que conmigo? Con seguridad estarían más orgullosos de él que de mí.
Aquella vez que mi vieja me contó la historia del hermano nonato, me dijo algo más que no olvidaré, el dolor de perder un hijo es peor que el miedo a la propia muerte, es profundo e inacabable, es algo que ella no quería volver a sentir nunca, me abrazó como siempre y me dijo que le gustaba abrazarnos para reafirmar que nos tenía, para crear la ilusión de que nos iba a proteger de todo, aunque eso es imposible.
El abrazo de mi vieja se convirtió en algo diferente, tenía un significado importante para mí. Con el tiempo mi hermano fantasmal se quedó sólo en mis recuerdos, aunque de vez en cuando, en noches como ahora, me gusta creer en la fantasía que él reencarnará, que mi vieja se lo encontrará en algúna otra vida y llegará a abrazarlo como siempre quiso y nunca pudo.


0 comments:
Post a Comment