terror


Das Lied in mir- una película triste sobre una víctima de la dictadura en Argentina


Arvid y yo, mi hermana y su esposo, estabamos en el museo de la nación, en Lima y terminamos visitando la exposición sobre los anios de guerra interna en Perú : el terrorismo y las matanzas.
Nunca fui buena en historia, pero para mí fue fácil explicar a Arvid esa parte de la historia , porque yo fui parte de ella, no la leí en los libros, la ví en los noticieros y en la calle.
La exposición del museo tenía fotos bastante específicas, explícitas, fotos de desaparecidos, encapuchados, gente muerta a bombazos, rehenes. Yo, que tengo la memoria frágil y todo lo olvido, jamás podré olvidar esas épocas, no tengo más juicios que declarar, lo único que puedo decir es que nos matamos, que fue una guerra sangrienta que nos sigue doliendo. Ver esas fotos me dolió,como soy una llorona ridícula, lloré un poco.

Yo nací en 1976 cuando la dictadura en Perú había acabado y tenía 4 anios cuando el terrorismo empezó en Lima, porque en provincias existía mucho antes. Para mi generación, el terrorismo, supuso una niniez y comienzo de adolescencia en constante tensión, por los apagones, toques de queda y bombazos. No recuerdo haber estado en paranoia pero sí en alerta. Convivíamos con eso y tratabamos de darle el toque de normalidad, es la naturaleza humana, asimílalo, acostúmbrate, es lo que hay.

Un día, explotó una camioneta llena de militares a pocas cuadras de mi colegio, estaban camino a un cuartel que también quedaba cerca, algúnas amigas tenían familiares militares de ese cuartel y cayerón en pánico, sentí que algún día me tocaría a mí, lo único que sientes es miedo.
Algúna otra vez llamaron al colegio para decir que habían puesto una bomba y se desató el mayor pánico que haya visto en toda mi vida, no sé cómo se corrió el rumor, pero en pocos minutos un montón de padres de familia se aglomeraban en el portón trasero, golpeándolo para que nos dejen salir antes de que explotáramos, mientras adentro, las monjas hacían lo imposible para que salgamos en orden, yo corrí al salón de mi hermana y la abracé como nunca, lloré, lo único que sientes es miedo.
Otro recuerdo es ir camino a casa en bus, y ver los mensajes terroristas en los cerros, letras gigantes ardiendo con mechas de fuego, más adelante en el camino, una torre eléctrica que explota, el apagón, en lo único que piensas es: debo ir a comprar velas, me espera una noche larga, por favor Diosito, que todos en mi familia regresen a casa vivos, que no maten a nadie hoy.

Cuando estaba por acabar el colegio, eligieron a un presidente que nos vendió la idea que los únicos enemigos eran los terroristas, todo valía con tal de exterminarlos y debo aceptar que, en la situación de miedo de estabamos, era fácil convencernos. Y entonces, empezó la otra matanza, seguro que mataron a muchos terroristas pero también a muchos inocentes, los militares buscaban venganza, nosotros queríamos dejar de tener miedo. Nos olvidamos que una vida vale muchísimo más que cualquier ideal, que cualquier venganza.

El terrorismo cesó por un tiempo, ya no habían más coches bomba, sentimos una falsa seguridad y nos olvidamos, otra vez, que el precio que pagamos fue bastante más grande, aparecieron otra víctimas, a las que confundieron con terroristas.

En 1993, cuando tenía 17 anios, viajé a estudiar a Argentina, en el comedor conocí a unos chicos de la facultad de sociales, dos de ellos eran peruanos y entre otras cosas, me prestaron un libro sobre la época de la dictadura en Argentina, no recuerdo el nombre del libro, lo único que recuerdo es que no pude terminar de leerlo porque contaba sobre las torturas, hay una palabra que aprendí leyendo ese libro porque la repetían muchas veces: picana.

No puedo hablar mucho sobre un país que no es el mío, me siento demasiado ignorante para contar la historia ajena, lo único que  puedo decir es que según me contaron, en la época de la dictadura Argentina, los militares raptaban a muchos estudiantes con ideologías izquierdistas y los confundían con terroristas, los torturaban hasta que, de dolor y miedo,obligados a confesar algo que ni tenían idea, decían nombres que muchas veces eran de amigos o vecinos, y estos a su vez eran secuestrados y torturados en una cadena sin fin. Lo más triste era que a las mujeres embarazadas las tenían cautivas hasta dar a luz y le quitaban el bebé para dárselo a algúna familia amiga de los torturadores o en algúnos casos a la misma familia del torturador.
Una infinidad de ninios terminaron perdiendo la identidad y lo más terrible es que a veces, sus padres adoptivos habían tenido algo que ver con la tortura y muerte de sus propios padres biológicos. Demasiado maquiavelico pero la realidad siempre supera a la ficción. Me da miedo pensar que hay muchas historias inconclusas, mucha gente que nunca lo supo, o que nunca encontró a quien buscaba.

Hace poco empecé a leer el libro de Elsa Osorio "Mi nombre es Luz", la historia trata sobre uno de esos casos en Argentina. Luz encuentra a su padre biológico ya adulta, cuando descubre que es hija de una victima de la dictadura, su madre había sido raptada y luego retenida durante su embarazo para luego dar a luz  y quitarle el bebé. La constante en el libro es esa combinación de sentimientos, cómo es posible que quien te crió, te dió amor, a la vez te haya quitado tu identidad, tu verdadera vida, a tus verdaderos padres.

De ese anio en Argentina, una de las cosas que más me marcó fue conocer esa parte de su historia, a veces tan parecida a la de Perú y la de muchos países de latinoamérica, la historia nos condena pero también nos ensenía. Supongo que es como dicen, el pueblo que olvida su historia, está condenado a repetirla. Espero que nadie lo olvide, almenos yo no.



De hecho encontré esta pelicula de casualidad y después de verla me quedé triste, lo más bonito fue ver al munieco de topo gigio, me vinieron unos recuerdos de infancia......